—¡Veeenga! —le grita desesperada.
—Natalia.
—No, no le vamos a poner mi nombre a la niña.
—No es por ti. Es por Natalie Portman.
—Mira que eres pesado. Qué cansino con la Natalie Portman. Natalia no es una opción. Nos confundiríamos.
—Pues Tonica.
—¿Tónica?
—No, Tonica, sin acento.
—Pero ¿qué nombre es ese?
—Pues Tonica, de Antonia, el nombre de mi abuela. La mujer que más me ha querido. Muy por encima de ti.
—¿Te la chupaba tu abuela?
—¡¡¡Aaah!!! ¿Cómo puedes tener la mente tan sucia?
—Mira, lo siento mucho, Álex, pero no vamos a llamar Tonica a la niña.
Álex está sentado en el parque que hay al lado de su casa. Ha llevado a pasear a Chewie, que se entretiene yendo de aquí para allá, haciendo sus necesidades, olisqueando a otros perros y tratando de montárselos a todos, sean del sexo que sean. Da igual raza y tamaño. Chewie se obstina en su manía violadora. De vez en cuando, Álex se tiene que levantar para llamarle la atención. En una de esas, coge a Chewie del cuello y salva del desgarro a una pobre e inocente caniche llamada Lucy.
—Pero mira que eres bruto. ¿No ves que la puedes matar con tu rabo?
Una risa contagiosa aparece en escena. La chica es una pelirroja de unos veinte años. Álex y ella se miran sonriendo.
—Lo siento —atina a decir Álex.
—Tranquilo, no pasa nada. Es natural.
—Ha salido a su padre.
La chica vuelve a reír. Con una sonrisa de escuela de monjas.